lunes, abril 30, 2007

Cómo se nos van los años... II



Les decía hace no tanto que el asunto de las culpas se complicaba, con los años que pasan y los que se amodorran en la cintura, en la panza, en las tetillas, aquellos truculentos años que se refugian bajo las axilas... pero los más complicados son aquellos que se agarran de los dientes, para que todo lo soluciones a dentelladas.

Verbigracia, ya que andamos de jesuscristos con parábolas a bordo, Paco Ibañez, quién no conoce a Paco... pues un montón de gente pero eso no es culpa suya, el ha hecho lo que pudo... hasta en televisión española salio, y en el León de Greiff hará unos tres años o menos... La foto es de sus años mozos, los videos, los otros, en los que realmente lo escuchan, en esos en los que de una vez por todas canta con la rabia y/o tristeza en la garganta, porque le va la vida en ello.








Yo me cargo las manos con poemas, buenos, malos, son ustedes los que saben, no yo, que de poesía poco se, pero de una u otra me los cargo, como una alforja, y salgo a recorrer los desiertos bogotanos, sin contar estos más tristes virtuales en los que escribo como lanzando una botella al mar (vaya con el lugar común), sin tener la certeza de si alguien a quien no conoceré puede estar sólo escuchando los temas musicales que ahora pongo.

Y me cargo de poemas como una liberación, como un exorcismo, como si tal cosa...






Pero si Paco, vamos a galopar, hasta enterrarlos en el mar, que los poemas son libres sobre las olas, y perdona la libre interpretación del poema de Alberti, pero enterremos hasta las novelas, para que un día, ya exhaustos de nuestras culpas, las olas nos escupan mágicamente una obra de traste, un poema pequeño, o una oda al desamparo

viernes, abril 27, 2007

Cómo se nos van los años...


Como en la imagen, el tiempo que he vivido lo llevo en mis espaldas... tragicómico el asunto. En fin.
Nunca como ahora este dolor se convierte en físico, este sabor en la boca tiene un nombre y sabe extraño, como los buenos vinos... pero sin serlo, sin dejar claro si está bien, si realmente me gusta este extraño devenir en hombre. Nada para que ustedes se preocupen, sólo una divagación de media noche...
Ahora las culpas son más, no en tamaño, creo que son iguales, como cuando rompí un vidrio en mi casa en Venezuela y de puro miedo aseguré la puerta del cuarto de mi madre y de mi padre desde adentro y me acosté a dormir, creyendo que si me sumía en un sueño que podía no ser profundo, o serlo, el asunto se solucionaria. Ustedes saben qué pasó.

Cuando desperte mi hermano había entrado por la ventana (Calle B voleita norte, Residencias Luis Alfredo, PISO 8, apartamento 45, es decir, mi hermano había salido por la ventana de mi cuarto, había entrado por la de mi madre y padre y allí estaba yo, con el vidrio no roto, con el vidrio no sano, no saludable, tan a medio quebrar, tan a medio salvarse... esa fue la única vez, o eso dice mi memoria, que mi padre me golpeo. Una única vez, con una sandalia, pantufla, chancla, como le digan al asunto, que para mi honor daba lo mismo. ¿Me aliviaron la culpa con el castigo? No, pero tampoco les interesaba esa minucia. El punto es que el peso, tamaño, textura, olor o hedor de las culpas es la misma, siempre, la cuestión es que como los puntos de las tarjetas son acumulables.

Tengo a esta hora, 26 años, no cambiará el asunto hasta el proximo 14 de marzo, lo juro, no cambiará... pero se van acercando una a una o dos a dos, todas por la misma calle sucia de la infancia, todas dan vuelta en la misma esquina, todas paran ante la misma puerta, y yo quiero ser como el monarca que describe Saramago en el ¨Cuento de la isla desconocida¨y hacer caso omiso de sus llamados, o delegar, o ignorar, pero persisten , convencen a la portera, hacen que la gente se quede mirando con desaprobación... y las dejo entrar, las dejo entrar con todo y su algarabía, o su silencio necio.

Ahora están preparando un café en la cocina de mi hogar, una de ellas quiere el té de amaretto que compre hace poco.

Pesa cargar a las culpitas, elefantes inmisericordes que me recuerdan quien soy, que he asesinado a dios tantas veces que a estas alturas (o a esas) el debe creer que realmente existe, que tiene derecho, porque el izquierdo no le pertenece a los tiranos (cuando la izquierda es de los tiranos es la más salvaje derecha), y hace cuentas, se debe relamer sus bigotes recien justificados, se debe masturbar frente al espejo.
Bueno, esta debe ser la primera parte del escrito, y no por cuestiones de estrategia literaria, el sueño pincha los riñones, el cansancio se suma a las culpitas.
Nos encontraremos luego.

viernes, febrero 16, 2007

Nocturno


No hubo,
la ceiba es testiga,
manos que volaran tan deprisa entre otras ramas,
viejos artilugios que provocaran partos místicos,
silencios que reinventaran el amor,
dolores no perpetuos que alimentaran a los labios,
bocas no sedientas que cedieran su calor.

No hubo
(aun no sabemos si volverán a haber),
manos, juegos, labios, bocas,
que perpetúen este sencillo movimiento,
esta no muerte que se parece a la vida.

Viene desde lejos un pájaro,
cansado de tantos árboles y tantas noches,
viene con los ojos cenicientos,
viene con el olor de la ciénaga,
ha venido desde lejos para apaciguarse,
para renovar el delito de vivir.

Ha venido como yo,
sólo para verte.

Y ahora que han pasado los versos y los libros,
déjame callar en tu silencio,
déjame por esta vez
morir contigo.

miércoles, enero 17, 2007

La Historia De Xaphania



Mientras la luna iluminaba los senderos del viejo bosque de álamos, sus cascos resonaban grácilmente en el valle, llevaba un trotecito alegre de primavera en flor que deleitaba a los grillos por su armónico sonar.

El bosque emanaba un aroma gentil a los residentes entre los que se contaban lechuzas, búhos, azulejos, colibríes, palomas, aves del paraíso, algún que otro dodó y otros tantos pajarillos, lombrices, escarabajos, polillas, mariposas, hadas, duendes y elfos y por supuesto la tribu de nuestra hermosa Xaphania.

Xaphania era una bella unicornio con un par de alas de mariposa que le otorgo Sophia, la reina de las hadas, como presente por su nacimiento. Sophia fue su hada madrina y su mejor amiga, le enseño las bellas artes del vuelo de las hojas y la ascensión de las plumas sueltas, recorrieron infinidad de caminos por el solo gusto de recorrerlos.

Su jardín favorito era Orión, la estrella central del afamado cinturón, allí se embelesaban con el atardecer de Júpiter y el nacimiento de la noche con sus dieciséis lunas (pero las que la unicornio más apreciaba eran Europa, Ío, Calisto y Ganímedes). Alguna vez estando allí vieron que un niño lloraba en un cometa, mientras se alejaba de un planeta muy pequeño donde había una única rosa.



Pero Xaphania tenía también otros amigos, un par de caballos hermosos: el uno por su porte, el otro por su sueño. Babieca y Rocinante eran la compañía continua de los atardeceres terrestres donde jugueteaban entre árboles, ya corriendo desbocados, ya paciendo tranquilamente junto al lago. Ora conversaban sobre las campañas de Rodrigo, otrora sobre las quijotadas de Quijano.

Las tardes fascinantes de Xaphania aparecían junto con una bandada de mariposas amarillas que inundaban el corazón de la unicornio con una nostalgia desoladora, era en esos momentos que buscaba la dulce sonrisa de Sophia, que le otorgaba una paz no de camposanto y si de Villa de Leiva.

Sophia le contaba a pie juntillas los malabares de las hadas para poder vivir entre tan poca magia humana, y cuando la noche estaba clara, le narraba las bellezas de los mares profundos y agitados, le hablaba de sus amigas las sirenas, de sus cantos hermosos y sensuales.

Una mañana a principios de noviembre Xaphania conoció por primera vez a un humano, era poeta y tunante, era un dios y un esclavo. Él, estupefacto la miraba con ojos y con manos, ella un poco tímida reculó como tres pasos, el se disculpo de inmediato por su fatal atrevimiento, ella sonrió para calmarlo.

Se acomodaron sobre la hierba fresca y comieron fresas y pan y también manzanas. Él le contó sobre su tierra y sobre la gente que allí vivía, ella le contó sobre Sophia…


Los encuentros se volvieron comunes y disfrutaban de la mutua compañía, ella en ocasiones lo lleva a ver los astros y el en ocasiones le versa el nombre y el amor y el ensueño.

Pues bien amigos míos, tal vez otro día les contaré más sobre Xaphania, pero hoy me está esperando para dar un paseo por las estrellas.

Sophia, La Reina De Las Hadas


Silencio, podrían espantar a las hadas, detrás de los arbustos, si ustedes aguzan el oído, pueden escuchar una bella historia en voz de Sophia.
Cuando la luna mengua y las estrellas rielan en los ojos de los ríos, las hadas y los elfos se reúnen a escuchar los cuentos de la brisa. Los grillos acompañan el crepitar de la fogata y las luciérnagas se alternan el espectáculo luminoso, Xaphania pase tranquilamente entre los arbustos de fresas y de vez en cuando torna al galope tras alguna mariposa.
Las palabras se deslizan desde sus labios a través de las hojas, lamen el rocío y se vuelven espiral en las orejas, los sonidos van cargados de una luz amarilla que vuelve calida la noche y el auditorio presta solemne atención.
“Orión, hijo de Poseidón y Euríale, la gorgona, cazador magnifico, hermoso a pesar de su mortalidad ha posado sus ojos en Mérope, princesa fabulosa en su belleza y su sabiduría, su padre el rey Enopión, soberano de Quion no ve con buenos ojos este asunto, y cuando el hermoso cazador la pide en matrimonio, el rey le asigna un trabajo, que el pensó, imposible de realizar, debía matar al gran dragón que merodeaba a su país, arrancarle los dientes, arar el desierto de sus predios y sembrar los dientes del dragón.
Orión, el gallardo cazador, inmediatamente se puso en la tarea, lanzó su jabalina contra el monstruo asestándola en uno de los ojos, el dragón choco contra el palacio y callo, inmediatamente Orión lanzó una de sus flechas a la boca flameante del dragón y le atravesó la garganta, luego una al corazón y así murió el animal fabuloso.
Orión se aprestó a arrancar los dientes del dragón, hecho esto aró los campos y sembró los dientes, clamó a su padre ayuda y este ordenó a los ríos que regaran suavemente los campos infértiles, de esas semillas salieron ocho hombres armados a los que Orión mató con su glorioso arco.
El rey Enopión se sabe perdido y le dice al noble cazador que ha fallado, pues a pedido ayuda a su padre Poseidón, Orión encoleriza, se retira del campo, y empieza a fraguar su venganza. En la noche irrumpe en la habitación de la princesa, de un grito la despierta, le ordena que se levante, le dice que deben casarse, Mérope clama ayuda a su padre, que a su vez acude a Dionisos, el dios del vino quien lo llama a la cordura, se embriagan, tanto el cazador como el dios y esto lo aprovecha el rey para cegar a Orión, al despertar y saberse ciego Orión demanda la ayuda de Dionisos quien acude a Apolo, dios de la profecía, este le dice que debe dirigirse al este, a recibir los primeros rayos de Helios, Dionisos se siente culpable y le sirve de guía. Una vez recuperada la visión, Orión se dirige a vengarse del cruel rey, pero al pasar por los campos de Artemis se enamoran el uno del otro, Apolo se enfurece pues Orión no es digno de su hermana gemela e intriga contra él, le dice a su hermana que Orión esta enamorada de Eos, esta le cree y mata a Orión. Al saber que era una mentira la diosa lo convierte en una constelación como símbolo de su amor y de los enfermizos celos de su hermano Apolo. Es por eso que aun vemos el cinturón y el arco del gallardo cazador.”
Sophia cierra los ojos como saliendo de un trance, mira a su alrededor y su publico está perplejo, luego estalla desde el bosque hasta epidauros una ovación general, ya las hadas revolotean a su alrededor y los elfos aplauden y comentan entre si la magnífica historia, solo Xaphania se acerca a su amiga y se posa junto a ella. Sophia acaricia suavemente la crin del unicornio mientras esta hoya entre los tréboles.
Sophia pierde su mirada en la manta blanquinegra de la noche, sobre ella se ve el tríptico del cinturón de Orión, es el más cercano de los lazos con Dionisos, Xaphania como adivinando se pone en pie y la insta a remontar el vuelo hasta la constelación, Sophia la secunda.
Desde la estrella central el mutismo es total, ambas observan la tierra en silencio nostálgico.
¿Piensas en Dionisos?- pregunta la unicornio.
Si- responde Sophia- me pregunto en cual de los cuerpos mortales estará preso, en si algún día nos volveremos a encontrar… lo extraño.
Sophia pasaba los días en los bosques floridos, recolectaba frutos y ordenaba a sus hadas fecundar las flores, también le gustaba pasear con Xaphania, que apropósito hacia tiempo no veía.Una tarde de noviembre Xaphania venia acompañada de un mendigo, la ropa andrajosa y la mirada triste era lo más llamaba la atención, se decía protegido por Calíope, aunque por su apariencia, la musa no había hecho muy bien su trabajo. Los mágicos seres corrieron a esconderse, pero Sophia lo enfrentó, se cruzaron sus miradas, Xaphania se acercó y la tranquilizó.Entre tanto en el Olimpo, el trono que tenía uvas labradas estaba vacío.

Grito


A Juliana hace tiempo
Es realmente sencillo,
cierra los ojos,
conten la respiración,
ignora los sonidos,
tu piel es insensible,
olvida el vientesillo,
nada importan el sol o las estrellas,
nada vale el infierno, es un hogar en el invierno,
el cielo de terrible aburrimiento no debe perturbarte,
la mano que te ata a esta tierra no podrá detenerte por más tiempo,
presta atención a la nada poderosa,
¿logras verlo?,
¿oyes su lamento?
es el grito de la mariposa

martes, diciembre 05, 2006

Palomas Desaparecidas


En un remolino de plumas se baten las palomas, eternas visitantes de plazas y tejados, frágiles testigos de abrazos y de besos, de personas que en principio, enan@s y saltarines, corretean por las calles, siempre hambrient@s de un recóndito lugar que iluminar con su alegría. Luego, testig@s (las palomas y su versión en masculino) de los primeros y segundos besos menos inocentes, del roce de los cuerpos, las erecciones adolescentes, el olor de una piel fresca que se acerca peligrosamente ajena. Con el paso de los maíces que les arrojan para mantenerlas como el ornato de la plaza, presencian un amor diferente, más tranquilo, que se basta con las manos tomadas y una conversación pausada y fresca, sobre asuntos poco graves, un amor que se parece al tedio. Con el sol en el poniente suelen vigilar a l@s últim@s; quienes adivinaron que en pareja, trío o soledades la parca amable nunca los dejara en el salón de espera; siempre vendrá con una caricia a solucionar la vida.



Esas expectantes, han sido también, desde el principio de los tiempos, fieles seguidoras de las barbaries más infames de nuestra pobre historia humana.

En una plaza ya lejana por el tiempo y la distancia, una cacica venga la muerte de su hijo, quemado ante sus ojos, y con el furor de l@s indígenas de antaño, comienza un episodio de la resistencia indígena que persiste en los espíritus de los hermanos mayores. Tiempo después y omitidos asuntos semejantes, Caldas es ejecutado en otra plaza con la presencia inmutable de las plumíferas, después de haber trazado el resumen de lo que la vida es para tod@s "Oh, larga y negra partida", sin mayor diferencia temporal y muy cerca de Caldas es asesinada, junto a su novio Alejo Savarain, Policarpo Salavarrieta, que legitimo su muerte gritando: " ¡Pueblo indolente! ¡Cuan diversa sería hoy vuestra suerte, si conocieseis el precio de la libertad! Ved que aunque mujer y joven, me sobra valor para sufrir la muerte y mil muertes más". Pero no fue ella quien tuvo que sufrirlas, fuimos tod@s, porque luego de 1819 no cesaron los absurdos, cruentas guerras que necesitan cientos de paginas para narrarlas, pero Homero hace tiempo que reside en el Olimpo y no soy tan diestro para convertir la barbarie en poema. En el 48, en la misma plaza de la que hablamos al principio, cayó un sin fin de hombres y mujeres, bajo el yugo del desenfreno, cayeron después de ell@s y siguen cayendo hoy.



En una plaza cayó también Gaitán, y lágrimas cayeron en las plazas cuando hicieron caer a Pizarro, Pardo y a toda la UP… pero hubo un momento de nuestra historia en la que ni las palomas quisieron ser cómplices por testigos, que huyeron a menos viles lugares, a sitios menos escabrosos donde el demonio se erguiría orgulloso de tan buenos aprendices que ha tenido, pero el pobre no existe y no queda más que asumir la carga a quienes de ella hicieron su estandarte. Decía pues que huyeron las palomas lejos de las muertes que esgrimían a diestra e siniestra, esto es a derecha y a izquierda del panorama político, la hoz más afilada, la rabia más soez; y en su camino se llevaba a l@s otr@s, que sólo por azares estaban allí. Huyeron las palomas ese día y cuentan que pasó mucho tiempo después de que el incendio ceso, para que las palomas volvieran a ver los destrozos, l@s niñ@s ya no tan felices, l@s novi@s ya no tan apasionad@s, l@s espos@s ya no juntos, y l@s viej@s sin querer entender que la muerte estaba ahíta de sangre joven para llevarl@s a descansar, como justo era y merecido estaba, porque todos y todas desde entonces quedamos boquiabiertos frente a la barbarie.


Después del primer cañonazo contra el Palacio de Justicia y quienes allí estaban las palomas se fueron tan lejos que algunas siguen buscando el camino de regreso… están desaparecidas.

viernes, noviembre 10, 2006

Sudor


Tienes el sabor de la hierbabuena en el cabello,
guardas el color de los sauces en tu cuerpo,
el olor de la menta entre tus pechos
y la ambrosía se esconde bajo tu piel.
Hambriento y sediento corro a tu encuentro,
como en busca de la mar la tortuga que rompe el cascaron,
como si fuese el ultimo suspiro de la tierra
me abalanzo a tu beso.
Tiene el mundo el cansancio de otro mundo;
más mezquino,
más pobre,
más temido,
pero también más nuestro,
más humano
Nos encontramos en esas calles grises
tan de nosotros,
tan amables,
tan cercanas,
y tan gélidas
a regalarnos instintos;
uñas, dientes, sudores y misterios.
Nos perdemos en medio del silencio de tu sexo,
agitándonos,
convulsionando
en un último delirio.

martes, octubre 31, 2006

Cúanto Tiempo


Como si fuéramos inmortales,
o como si la muerte estuviese a la vuelta de la esquina
con el frenético sudor de los caballos
con la tersura de un venado en fuga
que nuestra piel roce
que nuestra piel choque
que se estrellen nuestros labios.
Como si fuéramos inmortales
o como si la daga se deslizara
ya
por nuestros pescuezos
corramos al encuentro de los sabores salobres
de los olores salvajes
de los gritos y aullidos.
Como si fuéramos inmortales,
pero no lo somos/
o como si la muerte..
pero no se asoma.

martes, octubre 17, 2006

Diana la cazadora o la espanta muerte




Cuanta sangre has visto
Diana la cazadora
cuanta muerte y cuanto frío
cuantas veces triste lloras
por la última cena
por el camino que han de andar
los que condenados desfilan
hacia el hambriento patíbulo
cuanta lágrima ha rodado de tus ojos
inútil
por los que se han ido
por los que se están llendo
por los que siempre se irán
Más sola
más triste
más bella a cada paso
la muerte te susurra
secretos de otro tiempo
quiere ser tu amiga
quiere contarte entre los suyos
no tomarte entre sus brazos
no cegarte con guadaña
no llevarte a sus jardines
quiere saberte confidente
quiere saberte celestina
quiere contar con tu sonrisa
Pero la noche se ilumina
tus ojos la delatan
huye
se esconde
nunca ser oscuro podrá conciliar
nunca la maldad con la belleza
nunca el odio
nunca la impiedad
nunca
Diana la cazadora de ilusiones
Diana la asesina de tristezas
Diana espantapájaros
Diana espantamuertes

jueves, septiembre 28, 2006

Carta a Revista Número 50

Creo definitivamente en el arte como medio de escape, el problema es que en ultimas nada mejor hacemos que escapar, pero a estas alturas del partido no he podido definir si es o no oportuno.

Soy estudiante de ciencias políticas de la Universidad Nacional de Colombia sede Bogotá, además colaborado como reseñista en algunas revistas y codirigo un programa de literatura en la UN Radio, soy por principio dialéctico, adoro esas extensas discusiones en las que podemos enfrascarnos alrededor de la perspectiva de lo ético y estético, de las tendencias socio-políticas que señalan los gobernantes, de la existencia de la divinidad entendida como Dios o como energía, y un sin fin de naderías que fortalecen el espíritu, construyen pensamiento colectivo o al menos ayudan a pasar la tarde. Muchos de nosotros (estudiantes) nos enzarzamos, como nos corresponde, en divergencias y posturas diversas, ese es el alma de la academia; frente a la resolución de conflictos, desde el imperioso amor por el/la chiquilla, hasta la política económica utilitarista del gobierno nacional.

Y hasta allí todo va bien, pero el ánimo con que los medios masivos de comunicación y los actores armados se han ensañado contra los estudiantes de las universidades públicas, teniendo como cabeza visible a la UN es espeluznante.

Se hacen señalamientos continuos desde la policía, de infiltraciones de los actores armados, y amenazas recientes, por parte de los paramilitares, a los estudiantes que participen en los movimientos estudiantiles o protestas públicas.

Entendamos la gravedad del asunto: en primera instancia las declaraciones de la policía; frente a la explosión del artefacto en el barrio Santa fe, responsabilizan a estudiantes de la UN, además de recibir instrucción militar por parte de las FARC-EP… es decir que la UN es un nicho de guerrilleros, que somos maleantes, que pretendemos, según se entiende desde los medios, aterrorizar a la sociedad civil y que somos objeto de odio, demonios con cachos cola y todo; cuando es desde aquí, en las universidades publicas especialmente, desde donde queremos cambiar los imaginarios, desde nosotr@s para tod@s, cómo puede este país de realitys y espectáculos oropélicos esperar algo distinto de una universidad tan desprestigiada y maltrecha, dejando de nosotros una imagen de bandoleros revoltosos, ¿cómo o qué esperar?

La Universidad Nacional es además de un centro de investigación en todos los ámbitos, continuamente laureada, tanto por su alto nivel en los ECAES, como por los procesos de convivencia que en su interior se desarrollan, sin contar con la aplicación de modelos sociológicos, científicos y humanistas que irradia hacia la sociedad en general. La constante satanización hacia los estudiantes, resta importancia al verdadero trabajo, que desborda a las manifestaciones públicas, y reconfigura la forma de entender la academia.

En segunda instancia, las amenazas continuas de los grupos armados, desanima a los investigadores, somos estudiantes, no tenemos preparación psicológica (ni la pretendemos) para estos avatares, trabajamos continuamente por el desarrollo de un país en guerra, pero eso no nos convierte en soldados, sino en estudiantes en un país en guerra.

Esto para exigir respeto por el trabajo académico de las universidades de nuestro país, exigir que nos dejen fuera del conflicto, que no pretendan que seamos gobiernistas cuando el gobierno tiene políticas contrarias a la academia, pero tampoco subversivos pues van contra los principios humanistas que habitan en nosotros. Exigimos pues mayor inversión en las universidades, mayor apoyo a sus estudiantes y docentes, mayor presteza para sus resultados, y no caer en la trampa de un sistema que enfrenta a hermanos entre si.


José Luis Palacios López
Universidad Nacional de Colombia
Bogotá

Carta II

Entre tanto las mañanas se ponían grises como las tardes, una lluvia sincera y discreta lavaba las calles, arrastraba consigo la hojarasca que vientos mañaneros plantaba como alfombra sobre los carros y el asfalto. A lo lejos un perro ladra, nada particularmente literario, solo ladrar de perro mientras pasa el día, luego viene el silencio, que tendríamos que encomillar porque la ciudad nunca se calla. El recuerdo alegre de tus ojos me atraviesa de rodilla a cinturón y por fin comprendo que es una vigilia fresca, un duerme vela amable y generoso. Ese recorrido por las vísceras que en momentos de ridícula dulzoneria llamamos felicidad, pero que cuando le permitimos a la pelvis un descanso y agenciamos al corazón a que trabaje, nominamos, por la pobreza de la lengua no del sentimiento, amor.

Carta

Nada más bello que la simple oscuridad de los cuartos donde los cuerpos se reinventan, se pierden por sendas antiguas y salobres, por senderos tersos, con una hierba suave y promisoria. Eres como esos pájaros extraños y distantes, llenos de una gracia conferida a los salvajes, puros como la selva desconocida del país de oz. Eres limpida y clara como los jaguares, que a sabiendas que te devorarán no puedes evitar su influjo pendenciero, desbarrancadero seguro pero hermoso. Eres por supuesto como esos viejos gallos que de mirar el vuelo afortunado de otras aves un día sin mas alzan el vuelo y se van nadie sabe a donde, y se llevan su cantar melancólico de amores.

sábado, septiembre 02, 2006

Auschwitz





Los sueños y las ilusiones
del pasado y del presente
se van mezclando en mi mente
de manera irremediable

hasta formar un amasijo
indeleble, que precipita
en mis oídos unas notas
de arcángeles o de diablos.

Hoy sueño o divago con un
dragón de ojos amarillos
que en su vientre trae santos
con heridas de memorandum,

pagando errores de hace
tiempo, mucho tiempo para ser
excusables, los roedores
de la conciencia, su pagaré

hacen efectivo con sangre,
llanto, carne, grasa, vísceras.
En edificaciones blancas
el dragón deja su transporte

desfilan en grupos de triste
sobria soledad, con sus penas,
sin rabino, su Torá y las
nauseas guardadas en el traje.

Es tan corto el recuerdo de
las noches bellas, de los días...
el alba pregunta, ¿dónde vas
si tu cuerpo tiene grilletes?

En coro de silencio dicen:
Detrás de las montañas grises,
más allá de las tristes nubes,
está la gloria del poniente,

no es un rico feudo, no es
un castillo con bellas galas,
no veras volando las hadas,
y la miel no está a tus pies.

Ahora el silencio reina
y los yunques son tan pesados
que los sueños se van volando
donde los recuerdos son vida.

La avaricia es muy costosa
y las cicatrices no se van
lavando las manchas que quedan,
todo concluye en la nada.

Esta historia no tiene final,
creo que tampoco principio,
las flores se visten de luto...
Baudelaire y sus flores del mal.

Nocturno



A sophia

Esta noche estás tan lejos,
tengo tanto frío que no sé
si tu ausencia me mantiene
danzando sobre la triste hoz

o me da fuerza para seguir
triturando la cicuta que
estoy sentenciado a beber,
eres sophia a intuir

y a la vez el arrullo de
las cigarras que cantan
desbocadas hacia el final
de este juego de azares

que es mi vida junto a ti.
Canta toda la noche para
que mis sueños vuelvan a gritar.
Eclíptica luciérnaga, di

mi nombre en el silencio de
tus labios y no perezca yo
en el cruel viento efímero
que a la eternidad teme.

Tu cuerpo, aunque fugaz, es el
secreto que quiero descifrar,
tu olor en mi piel impregnar,
aunque sea pasajero del

unicornio alado que tan
intensamente buscas en mi.
Sólo sueños, ilusiones sin
esperanza, sólo tu sabrás

hacer renacer al dios en el
que las brujas abandonaron
sus terribles falacias. Tu don
es bello, mi cuerpo inerte.

Veo en el bosque el árbol
donde tu figura tallé,
aun siendo el bosque la calle
y esta tinta un arrebol

de una tarde que pasaré
soñando tu regreso a la
ciudad donde la poesía
está en manos del tunante.

Tengo frío y ya es tarde,
está helando y tus ojos
se cierran de cansado llanto,
me desvanezco en tu mente.

Centinela


¿Qué sabes de la
Noche, centinela?
Djuna Barnes



Tu que te paseas por la noche,
tu que miras las estrellas de mí
cielo, how is the night in the sky?
¿cómo ve mis ojos esta muerte?

Guardián de los espejos,
dame la señal de la
partida, si ya está
mi ser en su listado

Cuando la parca avance
en busca de este cuerpo,
veré, oh guardián, tu rostro
¿serás demonio o ángel?

Los reflejos son el grito
de tu capricho y ego,
mis sueños los limitas o
determinas los actores.

Mefisto o querube,
la danza negra ya no
será el rito de lo
que a mi vida rige.

La muerte me atrapó,
oh guardián de los
espejismos, ¡ya no soy!

Terribilita


María Magdalena y María la de José
miraban donde se le ponía.
San marcos (15-47)


El cuerpo yerto en los brazos de la madre
Despojado de sus vestiduras, de su fama, de su vida
En su rostro la mas bella calma después de la perfidia
Después de la agonía su largo cabello dócil, pétreo quedó, inerte.

Los brazos frágiles de una madre longeva
Cansados de la carga eterna que les fue encomendada
Puros como ningunos, en su gracia
Ya su mirada se dirige al cielo, ya a la tierra

De la pregunta ahora formulada no hay respuesta
Ya lo besa, lo acaricia, lo mima como en su infancia
Lo recuerda mientras hablaba a sus hermanos, o con un martillo y madera
Lo recuerda, su tristeza es de madre, una gota resbala en su mejilla

Sus rudas mejillas no sonreirán más a esos niños
Sus sabios consejos fueron acallados sin piedad
Que triste fue esa historia, ¡qué importa un cielo de mentira o de verdad!
Qué harán ahora sin la guía sus hermanos

Después de tantos años de cargar con su destino
Ese pesado destino que acepto por amor
El lo cargo durante un día
Ella toda la vida

jueves, agosto 10, 2006

Sierpe Ciudad


¡Miente ciudad!
Sobre el color de tus paredes
¡Miente!
Sobre el sabor de tus
Cloacas ¡miente!

Miente ciudad,
Inventa arco iris con tu aceite
¡Miente!
Traza paraísos con tus dédalos
¡Miente!
Encrespa tus pestañas de ramera

¡Miente!
Viste de magos a tus brujos,
Maquilla de héroes a tus viles

Miente
Enamórame
Hechízame
Atrápame
Otra vez.

miércoles, agosto 09, 2006

Nocturno con flores

En el día de la noche simple,
Cuando duerma
-Al fin-
Bajo dulces flores de cicuta,
Recuerda
¡Oh parca!
Diosa de las flores silvestres,
De alados pies,
Y dedos galopantes,
Que me encadenaste
A tus caprichos insolentes,
Que prendiste mi corazón
A tu perfume,
Que quebraste mi voluntad
Como a una espiga.

Recuerda
¡Oh dulce!
Adamantina
Prestidigitadora,
Mantis citadina,
Que robaste mi futuro
Y sembraste mi pasado
Con orquídeas.
Que alelaste mi corazón
Con tu sonrisa,
Que sanaste mis lamentos
Con tus labios.

El día de la noche simple,
Cuando el no ser
Entre a mi vera,
Recuerda,
¡Oh sibilina!
Esa otra noche de dionisiaca lumbre,
Recuérdala, oh Maga cortaziana,
Para después olvidarme
Para siempre.

martes, agosto 08, 2006

LA MUJER DEL MERCADER DEL RÍO: UNA CARTA... Ezra Pound





Cuando yo todavía llevaba el pelo cortado sobre la frente
jugaba en el portal delantero, recogiendo flores.
Tú viniste con zancos de madera jugando a los caballos,
caminaste junto a mi asiento, jugando con ciruelas azules
y seguimos viviendo en el pueblo de Chokan:
dos niños, sin aversión ni sospecha.

Con catorce años me casé con vos, mi señor.
Nunca me reía porque era tímida.
Bajaba la cabeza y miraba a la pared.
Aunque me llamaran mil veces, nunca volvía la cabeza.

Con quince años dejé de fruncir el ceño,
deseaba que mi polvo se mezclara con el tuyo
para siempre y para siempre y para siempre.
¿Para qué seguir vigilando?

Te fuiste cuando yo tenía dieciseis años,
te fuiste a la lejana Ku-to-yen, junto al río de los remolinos,
y has estado fuera cinco meses.
Los monos hacen un ruido muy triste por ahí arriba.
Cuando te fuiste arrastrabas los pies.
En el portal ahora ha crecido el musgo, musgos
distintos,
¡demasiado profundos para limpiarlos!
Los hojas caen pronto este otoño, por culpa del viento.
Las mariposas emparejadas ya amarillean en el agosto
sobre la hierba del jardín del oeste;
me duelen. Me hago vieja.
Si has de venir por los vados del río Kiang,
por favor, házmelo saber de antemano
y yo saldré a recibirte,
iré hasta Cho-fu-sa.



Por Rihaku